Durante mucho tiempo pensé que si habia estudiado contabilidad, mi único camino era dar asesorías, llevar contabilidades y presentar declaraciones, y porque no, tener mi propio despacho contable. Todo esto, me parecia lógico, tradicional y lo que se espera al estudiar esta licenciatura.
Sin embargo, cada vez que les explicaba a los clientes la manera de como debían hacer su contabilidad y que me decían “ahora sí entendí”, en mi interior, sentía algo distinto. Era una enorme satisfacción , una alegria inmensa, que ni siquiera lo sentia cuando cuadraba una balanza, o cuando por fin terminaba la contabilidad del mes.
Y era ahi cuando empezaba a sentir dudas, me preguntaba una y otra vez, si en verdad era esto lo que quería seguir haciendo por el resto de mi vida laboral.
En aquellos años, pareciera que si estudiabas contabilidad, debías ejercerla de cierta manera. Como si el título viniera con una sola ruta profesional. Nos formaron para ejecutar, resolver y cumplir.
Pero no siempre nos enseñan que también podemos formar.
Es aqui, dónde surge la pregunta incómoda:
¿Será demasiado tarde para darle un giro a mi carrera?
Muchos me decían que ya era tarde para ello. Que el dedicarme a enseñar, no era tan viable. Que lo “serio” es dar asesorías. Que lo rentable es llevar clientes. Que lo estable es hacer contabilidades, tener un despacho contable y generar ingresos fuertes.
No obstante, hay algo que muy pocas veces se dice:
Un buen contador resuelve problemas , y un buen maestro evita que esos problemas existan.
Enseñar administración, contabilidad y finanzas no es algo menor. Es sembrar criterio. Es formar decisiones más conscientes. Es evitar errores que después cuestan años...y mucho dinero.
No todos los profesionales nacimos para operar detrás de un escritorio.
Algunos nacimos para explicar, estructurar, traducir lo complejo en algo claro.
Al día de hoy, entiendo que mi vocación no está solo en hacer números, sino en ayudar a otros a comprenderlos. En acompañar a jóvenes y emprendedores a perderle el miedo a la contabilidad. En demostrar que la administración no es aburrida; es estratégica.
Por esa razón, y porque es algo que verdaderamente me llena, decidí darle un giro a mi carrera profesional y elegí enseñar.
Y si esta decisión implica abrir un camino distinto al tradicional… entonces, vale la pena recorrerlo.
-Tete.